viernes, 19 de octubre de 2018

poema | junto a él


No puedo dejar de quererlo.
Cada vez que pienso en ello mis ojos se inundan.
Haga frío o calor él está allí,
conmigo, haciéndome compañía.
No importa si estamos tranquilos o discutiendo,
todo cabe ya en nosotros, hasta la ruptura.
Supe hace tiempo que era el elegido,
aunque no fuera mi modelo.
Yo tampoco era el suyo.
Pero todo fue sucediendo.
Su soledad, la mía,
esos destinos acompañados se cruzaban
y hacían de nuestros fracasos una familia.
Hoy seguimos juntos a pesar de las tristezas
y de los alborozos,
a pesar de los enfados y de los encuentros.
No son lugares comunes ni palabras dichas,
son realidades pisoteadas,
sobrevividas a lo largo de catorce años,
que comenzaron aquel diecinueve de octubre
de dos mil cuatro.
Ya sé que pase lo que pase,
no hay ruta que confunda la mía junto a él.


© FXM, 2018
Junto a él (Destino reconciliado. Poemario VII)

miércoles, 17 de octubre de 2018

artículo | el exceso histórico de Casado

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    Tanto se ha despreocupado el líder del PP, Pablo Casado, por la investigación de su máster en el Tribunal Supremo, que se ha descolgado con unas declaraciones impropias de alguien que dice tener dos carreras universitarias y no sé cuántos másteres, lo que pone otra vez en duda la fiabilidad de sus estudios superiores. Pablo Casado afirmó en un mitin de la precampaña electoral andaluza que “la Hispanidad era el hito más importante de la Humanidad, comparable a la Romanización; y que España era la nación más vieja de Europa”. Podía haberse referido Casado, ya que estaba en Andalucía, al esplendor de Al-Ándalus como la nación más desarrollada de la Europa medieval occidental y de su legado cultural en nuestra Historia y no demostrar, con sus afirmaciones, que de Historia sabe más bien poco, como por otro lado, suele certificar la derecha más extrema, cada vez que hunde sus argumentos en el pasado glorioso de su patria querida.

    ¿Así que la Hispanidad, según Casado, es el hito más importante de la Humanidad? ¿De qué Humanidad, de la europea occidental? Porque no creo que sea tal hito para la Humanidad indígena que poblaba el continente americano. Pero, además, no contento con tal afirmación, compara la Hispanidad con la Romanización. Ya quisieran los españoles de los siglos XVI y XVII haber creado un Imperio tan cohesionado como el que crearon los romanos en el sur de Europa, norte de África y Oriente Medio. A diferencia de la conquista de América, los romanos fueron conquistando territorios de los que fueron incorporando lo mejor de su cultura, creando así un Imperio heterogéneo donde se respetaban las tradiciones religiosas de cada pueblo incorporado, sus costumbres y tradiciones e, incluso, sus leyes, siempre que no fueran contrarias al Derecho Romano. Por eso Roma fue respetada, temida y admirada, porque supo integrar ofreciendo lo mejor de su cultura y recibiendo lo mejor de las culturas que incorporaba, primero a su República y, después, a su Imperio. Toda conquista, es verdad, en aquellos tiempos se hacía por las armas y, por tanto, ni la romana ni la hispana podían hacerse de otra manera, pero la Corona de Castilla (no el Reino de España) impuso su civilización a base de fuego y hierro a diferentes pueblos indígenas que no tenían la heterogeneidad cultural que tuvieron los pueblos y territorios incorporados por los romanos a su Mare Nostrum. Así que, comparables no son los dos procesos colonizadores, en cuanto a diversidad cultural se refiere. Eso sí, Castilla fue el primer Estado europeo en formar un imperio colonial, al que seguidamente se unieron Portugal y, más tarde, Inglaterra, Holanda y Francia. De eso sí que podríamos presumir, pero no de compararnos a los insignes romanos en la unificación de tierras y pueblos tan dispares, unidos durante casi ocho siglos. Hay que recordar que lo que Pablo Casado llama Hispanidad duró trescientos años y pico.

    Quizá Pablo Casado sólo se refería a hitos políticos en la Historia y, aún así, habría que recordarle que otros pueblos formaron grandes imperios, antes y después de los romanos e hispanos. ¿No son hitos de la Humanidad el Imperio Persa, la China imperial, el Imperio Británico, el Macedonio, etc.? Y si se refería, en general, a grandes hitos de la Humanidad, ¿le parece más importante la conquista de América que la Revolución Neolítica o la Revolución Industrial, que son, a mi entender, los dos hechos históricos que marcan dos auténticos giros de trescientos sesenta grados en la Historia de la Humanidad? Sin hablar de la revolución científica del siglo XVIII, que antecede a la industrial, o sin hablar de la revolución tecnológica que estamos viviendo en estos momentos. ¿Y qué hay de la propia revolución liberal del siglo XIX, que a la par que la industrial del mismo siglo, nos cambia radicalmente el modelo de relación social y política en Occidente? ¿Y qué hay de la misma filosofía griega, el Derecho Romano, o el cristianismo, que revolucionan el mundo conocido en cada una de sus épocas, y sientan las bases culturales de la Europa que hoy conocemos? Antes de hacer una afirmación tan gruesa, señor Casado, repase un poco cualquier manual de Historia de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, no hace falta irse a un grado universitario.

    Por otro lado, Casado recupera la vieja idea de cierta derecha nostálgica y ultranacionalista cuando habla de España como la nación más vieja de Europa, cuando sabe bien esa derecha que la nación española, como tal, sólo se comienza a construir a partir de la Guerra de la Independencia de 1808, como ya han acreditado numerosos estudios históricos y jurídicos. Lo que hubo antes fue una suma de naciones y pueblos organizados en torno a una monarquía hispánica cuyos titulares fueron los Austrias, primero, y los Borbones, después, que no llegaron a conformar un pueblo cohesionado ni una nación culturalmente unificada como sí lo fueron, sin embargo, la nación francesa y la inglesa en torno al año 1000. Los Reyes Católicos unieron por matrimonio los territorios de reinos distintos que se formaron a raíz de la lucha contra los musulmanes en la Reconquista que duró seiscientos años. Castilla (que antes había integrado a León y éste, a su vez, a Asturias y Galicia) se casó con Aragón (suma de los reinos de Valencia, Mallorca, Aragón y los condados catalanes), a lo que luego añadieron por conquista el Reino de Navarra; pero esta unión de reinos funcionó hasta la llegada de Napoleón Bonaparte en 1808 como una monarquía federal que, en lo exterior, sí operaba como una unidad política, militar y diplomática (el Reino de las Españas, se decía en Europa), pero en lo interior –¡ay, en lo interior!- operaba como una suma de reinos con sus leyes, sus instituciones políticas y jurídicas, sus aduanas y sus propias monedas, sus lenguas y culturas propias, y también sus recelos y controversias recíprocas.

    Así se llegó hasta principios del siglo XIX, cuando Bonaparte recomendó a la clase política española que unificara aquella mezcla heterogénea de antiguos reinos, virreinatos, capitanías generales, etc., si querían formar una nación liberal e incorporarse a la nueva Europa surgida de las revoluciones burguesas que alumbrarían las monarquías constitucionales. No hay más que repasar la lista de diputados a las Cortes de Cádiz de 1810 para darse cuenta de la heterogeneidad política, social, económica y cultural que habían gobernado los monarcas hispanos desde el matrimonio de los Reyes Católicos en 1479, primero por separado y luego, más o menos unidos, en las personas de sus herederos. De lo que sí podemos presumir, sin embargo, es de ser, quizás, el primer Estado-nación de Europa, cuando entre finales del XV y principios del XVI se van transformando las estructuras estatales medievales en nuevas estructuras centralistas que alumbrarán el Estado moderno, pero curiosamente no en la figura conjunta de los Reyes Católicos, sino primero en la de Fernando II de Aragón, gobernante tan admirado por Maquiavelo a quien éste le atribuye ser el primer monarca moderno de Europa. Así que, señor Casado, para la próxima vez repase alguna asignatura de sus carreras o másteres o déjese aconsejar por quien de verdad conozca y respete la Historia. Sólo le justifica el interés electoralista por avivar un fuego ultranacionalista en su pugna por el liderazgo de la fragmentada derecha española, pero piénselo mejor la próxima vez porque, a fuerza de avivar las vísceras ultramontanas de cierta derecha extrema, hará usted de nuevo un inmenso ridículo.

domingo, 23 de septiembre de 2018

artículo | non è peccata minuta

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    La Iglesia católica ha enfrentado numerosos escándalos y crisis a lo largo de su Historia. Ya en sus orígenes, las primitivas iglesias cristianas no escondían sus discrepancias y discusiones. Quizá lo comenzaron a hacer cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio romano, allá por el siglo IV. Desde entonces, las luchas de poder entre los obispos de Oriente y Occidente, las herejías, las tensiones de los papas con los monarcas y emperadores, las corrupciones del Vaticano, las Cruzadas, la Inquisición, la Reforma luterana con la aparición de las iglesias protestantes, la férrea oposición a que ilustrados y liberales impusieran la separación Iglesia-Estado, etc., han jalonado la evolución de la Iglesia católica de continuos sobresaltos y cuestionamientos permanentes. En el siglo XX fue el Concilio Vaticano II, con su apertura hacia sectores desfavorecidos y olvidados, quien introdujo una nueva crisis en la Iglesia, pero los escándalos de pederastia que están denunciándose en los últimos años amenazan a la institución con una espada de Damocles quizá más afilada que en otras épocas de la Historia, pues llegan en un tiempo de secularización y relativismo moral que exige a la Iglesia católica una respuesta contundente contra los curas pederastas, que alivie el dolor de las víctimas y evite la repetición de esta execrable conducta entre un clero que, además de formar a los niños y jóvenes que atiende en sus instituciones educativas y caritativas, debe protegerlos por su edad y vulnerabilidad.

    Hasta ahora, han sido los papas Benedicto XVI y Francisco I quienes han tenido que afrontar, definitivamente, la lucha interna y externa contra los curas pederastas pero, a menudo, la respuesta ha sido tibia, dejando a las víctimas insatisfechas y mostrando que en la Iglesia, más allá del Vaticano, hay una actitud complaciente con los delincuentes, que lleva a protegerlos de la justicia civil y penal y a, como mucho, apartarlos de sus obligaciones de cara al público para que no reincidan en sus abusivas prácticas. Ha sido, hasta ahora, la respuesta más habitual de la Iglesia, dejándose llevar por el típico corporativismo del que adolecen las grandes organizaciones, sean cuales sean. Sin embargo, la sociedad civil está demandando, cada vez más, al Papa y los obispos una actitud clara de rechazo, condena y, sobre todo, indignación que acredite que, desde dentro de la Iglesia, se está luchando con todas las armas disponibles contra esta lacra que, lamentablemente, lleva siglos contaminando la loable tarea que, por otro lado, hace la Iglesia con personas a las que nadie quiere atender y en lugares adonde nadie quiere llegar. Por eso mismo, el papa Francisco debe encarar con energía, para lo que queda de su mandato, una estrategia nítida y clara de lucha contra los curas pederastas, pues la conducta inmoral de éstos atenta no solo contra mandamientos canónicos evidentes sino contra derechos civiles inalienables. Por tanto, a la mínima denuncia o sospecha de pederastia en cualquier parroquia o institución eclesiástica, el obispado pertinente debe aislar al cura en cuestión, abrir una investigación interna y entregarlo, si fuera el caso, a las autoridades civiles o penales sin dilación. Además, la Iglesia debe abandonar de inmediato esa actitud de compasión o comprensión con los curas pederastas y apoyar desde el minuto uno a las víctimas, aunque después, en el curso del proceso, se llegar a demostrar que hubiera mediado una denuncia falsa. Ya habrá tiempo de corregir y pedir disculpas al sacerdote. Pero, de entrada, la institución y la norma deben proteger, como el Derecho mismo, al más débil en una relación de fuerzas desigual.

     Más discutible es si el cura pederasta, una vez probados los hechos, debe seguir formando parte de la Iglesia o no. Indiscutiblemente, debe cumplir la condena impuesta por los juzgados y tribunales ordinarios, independientemente de la indemnización económica que merezca la víctima. Sin embargo, una vez cumplida la condena civil o penal, ¿debe o no seguir en la Iglesia el cura en cuestión? Esa es una respuesta que debe dar la misma Iglesia pero, sin duda, ni un solo cura pederasta condenado debe seguir sirviendo en público dentro de la institución y, menos aún, con menores de edad. Además, cualquier Estado debe seguir ejerciendo una labor de control sobre los curas pederastas que cumplieron su condena y en eso debe colaborar sin más objeción cada obispado responsable del destino de dicho sacerdote. 

    En estas cuestiones no es de recibo argumentar, como hace a menudo la Iglesia para quitarle hierro al asunto, que en otros órdenes de la vida se dan también casos de pederastia, que se dan sin duda alguna, pero estamos hablando de una institución que predica unos valores, un comportamiento, una rectitud y una ejemplaridad que algunos se saltan a la torera y, lo que es peor aún, con el conocimiento y el silencio cómplice de sus superiores. ¿En qué tipo de Dios creen quienes, dentro de la Iglesia, han ocultado a estos corruptores de menores, delincuentes infames que se aprovechan de la debilidad de niños y jóvenes en situación de inferioridad o vulnerabilidad? No es de recibo argumentar que también esos curas son pecadores y que tienen derecho a recibir el perdón de Dios, que lo tienen, sin duda, pero fuera de la Iglesia entonces, no dentro, porque están pisoteando los valores sobre los que se construyó la religión más practicada del mundo, que además exige un comportamiento ímprobo a sus seguidores. Los que cometen el pecado y el delito tienen derecho al arrepentimiento y al perdón, sin duda alguna, pero quienes han encubierto durante años a los curas pederastas tienen que responder también ante la justicia y ante el Vaticano, y éste no puede esconderse en la prescripción de los delitos ni en la falta de conocimiento de los mismos. Delincuentes y encubridores deben tener similar castigo.

    De no ser así, la Iglesia católica seguirá descendiendo por la pendiente de la desconfianza, el descrédito y la irrelevancia en una sociedad occidental en la que, cada vez más, se exige de las instituciones (como de aquella mujer de un emperador romano) no sólo ser honradas sino también parecerlo y demostrarlo. Quizá se vayan abriendo paso con el debate, como ya se ha propuesto, por un lado abolir el celibato para que curas y monjas puedan entablar relaciones afectivo-sexuales (como pudieron hacerlo durante unos cuantos siglos), y por otro lado, levantar el secreto de confesión en casos especiales en los que se está revelando ya no un pecado sino también un delito. El Papa, sus cardenales y obispos tienen más que nunca no sólo la obligación de luchar contra la pederastia sino también la misión de erradicarla dentro de las instituciones eclesiásticas. De lo contrario, y aunque más tarde que temprano, será la pederastia la que erradique a la Iglesia católica de las preferencias de los creyentes cristianos.

artículo | la pretenciosa morada

Mayo 2018
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nueva tribuna
tercera informacion


  Cuando vi las fotos del chalé que habían adquirido Pablo Iglesias e Irene Montero me vinieron a la memoria las imágenes de aquellos dirigentes y cargos públicos del PSOE, bautizados como la beautiful people que, al poco de comenzar a gobernar Felipe González en 1982, se trasladaron a vivir a localidades de la carretera de La Coruña, zona ya conocida entonces como área residencial favorita de cierta burguesía madrileña. Aquellos traslados fueron acompañados de la adquisición de costumbres similares a los de esa derecha que vivía en aquel entorno y a la que, supuestamente, el PSOE combatía en las urnas y en el BOE. Sin embargo, como a veces el hábito sí hace al monje, poco a poco fuimos viendo cómo esa beautiful people del PSOE se fue adueñando de su ideario y de su acción gubernamental y fue causando ese lento pero inexorable daño a la credibilidad del partido y a los gobiernos de Felipe González, que fue el primero en cambiar la chaqueta de pana por los bonsáis y La Bodeguilla de La Moncloa.

    La primera pregunta que me hice, después de este ingrato recuerdo, fue: ¿y por qué Iglesias y Montero no han elegido una vivienda más modesta y en otra zona de Madrid? Y me hice esa pregunta porque ni el lugar ni las características de la vivienda casan con el discurso anti-casta, anti-banca y anti-sistema que ha mantenido Pablo Iglesias durante estos años. ¿Acaso no hay urbanizaciones más o menos aisladas y tranquilas, de adosados o unifamiliares en el corredor del Henares, en la carretera de Valencia o en la de Andalucía, cuya población encaja mejor con esa “gente” a la que Iglesias dice representar? ¿Acaso no pueden vivir y criar a sus hijos en una vivienda con menos parcela y sin casa de invitados? La siguiente reacción que tuve fue la misma que hace casi treinta años con Felipe González y la beautiful people del PSOE: decepción.

    Decepción, sobre todo, porque no pretendo que quien me representa viva por debajo de sus posibilidades, pero no me fío de quien dice representarme y, aparentemente, quiere vivir como viven los que, desde luego, no me representan. Eso fue lo que comenzó a ocurrir con aquella beautiful people que, lenta pero inexorablemente, se fue cargando el ideario de izquierdas del PSOE. A veces, el hábito sí hace al monje y, de tanto imitar a quienes dices combatir, al final corres el peligro de mimetizarte con ellos, como dijo Pablo Iglesias en una ocasión a la periodista Ana Rosa Quintana: “es peligroso que los políticos vivan en chalets porque se aíslan del pueblo”. Quizá si su discurso no hubiera sido tan combativo con esas élites y sus chanchullos ahora no sorprendería y dolería tanto la elección de su vivienda.

    Y duele, sobre todo, porque transmite una idea contraria al ideario del partido que dirige, a pesar de negarlo en rueda de prensa. Duele, también, porque no se comprende que siendo Pablo Iglesias un experto en comunicación política –como acredita su máster y sus dos carreras universitarias- haya medido tan mal la reacción que podrían tener los militantes y votantes de Podemos si, algún día, se enteraban de la elección de la localidad y su vivienda. Primero, porque transmite la idea de que quiere vivir como aquellos contra los que ha construido todo su discurso político. Segundo, porque transmite la idea de que piensa dedicarse muchos años a la política para poder pagar esa hipoteca, cuando siempre ha defendido que la política debía ser una actividad de paso y no una profesión vitalicia. Y tercero, porque desdice el objetivo de la limitación salarial en Podemos, que tenía como fin evitar que sus cargos públicos pudieran acceder a un nivel de vida que los alejara de la “gente” a la que representan. Estoy convencido de que si Pablo e Irene hubieran elegido un adosado o una unifamiliar más modesta, con jardín y piscina convencionales, en cualquier urbanización de Coslada, Arganda o Móstoles, no habrían sido noticia ni habrían servido en bandeja de plata a la caverna mediática y política la munición con la que están sonrojando a la mitad de los simpatizantes y votantes de Podemos, que se podrían haber ahorrado tantas horas de debates en las redes sociales.

      El sectarismo propio de la política española se ha trasladado a la militancia de Podemos y a las redes sociales, donde los defensores a ultranza de “los nuestros” llevan el debate de la vivienda a cuestiones que nada tienen que ver con la misma, sabedores ellos mismos del bochorno que les están haciendo pasar sus queridísimos y admirados dirigentes. Causa sonrojo leer algunos comentarios y comparaciones de hooligans podemitas, aunque también es gratificante leer muchos razonamientos más moderados, lo que pone de manifiesto que en Podemos, como en la mayoría de los partidos de izquierda, hay dos almas, dos sensibilidades y dos líneas políticas diferenciadas: una más radical y otra más moderada, una más revolucionaria y otra más reformista, como quedó de manifiesto con la sustitución de Íñigo Errejón por Irene Montero en la portavocía en el Congreso de los Diputados.

    Como la reina Leticia, Iglesias y Montero se han percatado del daño que su metedura de pata puede provocar a la causa que representan y, por eso, se han prestado rápidos a dar explicaciones de su hipoteca, aunque al ver que quizá esa información aumentaba la indignación y el desánimo entre los suyos, han anunciado en rueda de prensa el plebiscito interno sobre su idoneidad para seguir dirigiendo el partido y su grupo parlamentario, aunque la posible erosión a Podemos no la van a medir sus inscritos sino sus votantes. A ellos les corresponderá juzgar en las urnas si son de fiar o no quienes combaten a la casta pero parece que quieren vivir como ella. Lo peor será el daño que se cause al partido y a la izquierda en general, que ya sabemos que es siempre más exigente que la derecha en cuestiones éticas y estéticas, y así debe ser si quiere ser diferente. Tras la Gran Recesión de 2008 y la corrupción que se destapó en España, los niveles de exigencia ética han aumentado considerablemente, reclamando a los políticos que no sólo parezcan honrados sino que lo sean de verdad, a lo que yo siempre he añadido que la izquierda, además, no sólo tiene que ser de izquierdas sino parecerlo. Quienes pensaban que en el PP parecían honrados pero no lo eran y quienes pensaban que en el PSOE parecían de izquierdas pero no lo eran, giraron sus preferencias hacia Ciudadanos y Podemos. En este último partido confiaron muchos para traer a la izquierda aquella coherencia que el PSOE había perdido. Ése es el debate sobre la idoneidad de la vivienda de Iglesias y Montero en Galapagar, y por eso ha dolido a un sector moderado de sus simpatizantes y votantes. A los fanáticos les da lo mismo porque no admiten crítica ninguna sobre su partido o sus dirigentes, y en eso se igualan a los fanáticos de derechas. Pero la mayoría social se sitúa en posiciones más equilibradas y ahí es donde se dirimen las elecciones, así que me temo que la cuestión del chalé pasará factura a Podemos. 


jueves, 19 de julio de 2018

poema | sé que te irás


Yo sé que te irás, más pronto que tarde,
y que nunca más volveré a verte.
Como el Ulises griego
eres un alma solitaria,
un viajero incansable
que no amarra afectos en ningún sitio.
                       
Yo te amé más de lo que lo hizo nadie,
y quise que estuvieras a mi lado.
Estúpido de mí, no me di cuenta hasta hoy
que llevas años escapando de alguien,
quizás de tu padre,
quizás de aquel chico,
quizás de ti mismo.
           
Quise aferrarte a mi cariño y afecto,                                              
a mis amigos y a mi casa.                                                    
Todo ha sido inútil porque ha vencido                                
el ave solitaria                                                                                 
y rebelde que llevas dentro.                                                                        

En un futuro lejano, cuando me recuerdes,                         
quizá se llenen tus ojos de lágrimas,                                              
como los míos,                                                                     
al saber que lo intentamos y fuimos sinceros,                    
y que el paso del tiempo, la rutina                                      
y nuestras circunstancias                                                     
echaron a perder nuestra memoria                                      
y lo que habíamos construido.                                             

Esta noche sé que reviviré muchas veces                           
el sentimiento que ahora tengo:                                          
extrañarte en tu ausencia,                                                                
echándote de menos,                                                            
y apretando los puños,                                                         
amarte más que a nadie,                                                      
aunque con la forma complicada de mi vida,                     
que, una vez más, me deja solo ante el futuro.                   

© FRANCÍ XAVIER MUÑOZ, 2013
Buscando formas. Poemario VI


sábado, 28 de abril de 2018

mi reflexión | una manada de jueces

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extremadura progresista
la casa de mi tia


Impresionante y valiente está siendo la reacción de gran parte de la sociedad española contra la sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra que condena a los miembros de La Manada a nueve años de prisión por un abuso sexual continuado y no por una violación. El conflicto se ha desatado cuando en la calificación de los hechos probados los magistrados que componen el tribunal no han apreciado violencia o intimidación. Esta última supone una inmediata y seria amenaza a la víctima para que ceda a la voluntad de sus agresores. ¿Acaso la sola presencia de cinco varones con actitud lasciva y ofensiva, envalentonados por el alcohol y las drogas, no es suficiente para intimidar a una chica de dieciocho años? ¿Es que necesitan hacer algo más estos varones que hablar y gesticular con actitud chulesca y dominante para presionar a una chica? ¿Es que esa presión gestual y verbal no es intimidatoria? ¿Acaso necesitaban los magistrados comprobar que la chica tenía que haber despreciado su integridad física y haber opuesto resistencia a sus agresores? ¿Acaso necesitaban los magistrados comprobar que los agresores exhibían armas u objetos contundentes para golpear a la chica y, entonces sí, habrían apreciado violencia o intimidación? La habrían apreciado, seguro, si la chica hubiera sido herida o asesinada. Quizás era eso lo que esperaban los magistrados para hacer una interpretación literal de la norma jurídica que los eximiera de una interpretación arriesgada.

Es cierto que el debate se suscita por el desfase del Código Penal de 1995 que se aplica a este tipo de delitos, pues entonces ni el legislador ni la sociedad estaban tan sensibilizados como ahora ante los delitos sexuales y de violencia de género, pero es que, a mi entender, con dicho Código en la mano se puede interpretar la intimidación violenta, como he dicho antes, con la sola presencia de cinco varones que fuerzan a una chica en un portal, sin necesidad de que estos varones hablen siquiera, pues con sólo gestos e indicaciones a la chica y entre ellos ya se está ejerciendo la violencia intimidatoria suficiente que llevaría a cualquier mujer a plegarse a sus deseos para que el suceso pase lo antes posible y sin agresión física de por medio. Por tanto, no es sólo que haya que adaptar el Código Penal a la sensibilidad social y a los recursos actuales (por ejemplo, hoy en día una amenaza de publicación de una foto íntima ya es una forma de intimidación) sino que, además, y a mí me parece lo más grave, hay que reciclar a los jueces y magistrados que, en sus interpretaciones jurídicas, se distancian enormemente de la sensibilidad social sobre ciertos temas que, quizás, han quedado desfasados en los códigos normativos que manejan. Por no hablar del machismo imperante todavía en la educación primaria de muchas personas, jueces y magistrados incluidos.

Cierto que la norma dice lo que dice y sabemos que las leyes no son perfectas (no pueden serlo) y no detallan todo el abanico de posibilidades de aplicación que puede tener un artículo legal, pues es imposible que un código recoja todas las circunstancias agravantes y eximentes en la aplicación de cualquier artículo a una situación dada, y por tanto sabemos que cualquier sistema jurídico occidental concede a los jueces y magistrados un amplio margen para calificar y aplicar una norma. Pero de ahí a provocar un desfase de interpretación (como en este caso ha sido el de la “intimidación”) media una distancia que en muchas ocasiones, como en ésta, provoca la indignación de los ciudadanos, y es entonces cuando surge la crítica legítima a un determinado juez o tribunal para que, en próximas ocasiones, reactualice su formación, su sensibilidad o su competencia para seguir juzgando. Algunos juristas y periodistas han puesto el grito en el cielo por la crítica desmedida que se está haciendo desde la calle (pero no sólo desde ella) a los miembros del tribunal que ha juzgado el caso de La Manada, como si los ciudadanos debiéramos guardar silencio ante tropelías cometidas desde las más altas instancias, por nuestro desconocimiento técnico. La calle lo está demostrando estos días. No hace falta ser jurista para entender que la sola presencia de cinco varones, con su complexión física, sus gestos y sus palabras, es suficiente para intimidar a una chica y llevarla a complacer sus deseos sexuales, lo que supone ya en sí mismo un acto violento y, por lo tanto, un delito de violación, tal y como contempla el Código Penal que nos rige. Aquí el problema no es que a la ciudadanía le falte conocimiento jurídico sino que a los miembros de la Audiencia que ha juzgado el caso les ha faltado sentido común y cívico. Son ellos y no nosotros quienes tienen que reciclar su concepto de “intimidación”. Y como somos nosotros quienes pagamos su sueldo de altos funcionarios tenemos derecho a protestar, alto y claro, cuando sus sentencias ejercen una nueva violación de derechos a quien, en la posición más débil, no tiene capacidad de defensa, salvo el desprecio sobre su vida misma.

Por otro lado, hay que agradecer a los partidos políticos y al Gobierno su pronta reacción ante las demandas de reforma o revisión de los supuestos que puedan calificar un abuso sexual como agresión para que sea condenado como violación. No han hecho más que recoger el sentir mayoritario de la sociedad española que, en un segundo acto tras el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ha salido a la calle a apoyar masivamente a las mujeres que sufren no sólo la violencia machista y sexista de sus compañeros sino, además, la de quienes juzgan dicha violencia. Doble violación, una física y otra moral, enraizada en una sociedad todavía demasiado machista para entender que las relaciones sexuales deben ser libres y consentidas, y para que esto sea así, primero hay que preguntar educadamente y no “intimidar” con abuso de presencia numérica, gestos o palabras. No faltarán, como siempre, esos juristas que se rasgan las vestiduras por “legislar en caliente” pero, afortunadamente, es en caliente cuando hay que recoger la indignación que lleve a reconsiderar si, como en este caso, es la ley la que falla o lo que falla es la interpretación particular de la misma que han hecho unos magistrados. Y a eso es a lo que deben ponerse tanto los tribunales de segunda y tercera instancia que resolverán los recursos que se presenten a la sentencia como los poderes ejecutivo y legislativo, que tendrán que estudiar si el Código Penal requiere de una nueva revisión o reforma.

viernes, 9 de marzo de 2018

mi reflexión | mujeres al poder

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san borondon


Ha sido emocionante ver la movilización internacional de las mujeres este 8 de marzo que, sin duda, pasará a la historia del feminismo como un punto de inflexión, precedido de un movimiento de largo recorrido que ha tenido sus últimos acicates en las marchas de las mujeres norteamericanas contra las políticas del presidente Donald Trump, así como la más reciente campaña contra el acoso sexual, extendida por las redes con el lema #MeToo en los EE UU o #NiUnaMenos en Argentina.

La masiva convocatoria internacional, que abarcaba a unos 170 países, ha contado en España con una pionera huelga feminista general de 24 horas, convocada por los sindicatos minoritarios, que independientemente de su seguimiento también marcará un antes y un después en las luchas de las mujeres en nuestro país. Acertadamente, sin embargo, los sindicatos mayoritarios convocaron también paros parciales de dos horas, para que las mujeres y los hombres que sufren precariedad laboral pudieran sumarse a la protesta y a la reivindicación sin que eso supusiera una merma considerable de su salario mensual.

Se ha debatido mucho en los últimos días sobre este extremo, considerando que la situación económica de las mujeres obreras impide que muchas de ellas puedan permitirse una jornada completa de huelga laboral, y quizás en lo sucesivo los sindicatos deberían plantearse esta modalidad de paros parciales para las categorías laborales inferiores que pudieran acompañar a paros totales para las categorías laborales superiores. Quizá de esa manera las huelgas generales, sobre todo en contextos de crisis como el actual, tendrían más seguimiento en un país donde la escasa afiliación sindical hace difícil que las huelgas generales tengan un masivo seguimiento, salvo en determinados sectores muy sindicalizados donde se movilizan piquetes informativos.

Toda mi vida he sido feminista, como soy ecologista, pacifista, internacionalista, sindicalista, y en general activista de cualquier causa que considere justa. Y siempre pensé que la causa de las mujeres era la más importante porque afecta a la mitad del mundo y porque lleva unos cuantos milenios sobre la faz de la Tierra, justo desde que en el Neolítico se inventó el patriarcado, como muy bien explicó Friedrich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, publicado en 1884. Después de leer este libro un par de veces, entendí perfectamente por qué los hombres, desde antiguo, establecieron lo que ahora llamamos el “techo de cristal”, que no es otra cosa que la exclusión de la mujer de los ámbitos directivos de la sociedad: para seguir manteniendo los conflictos políticos y económicos que tanto beneficio ocasionan a los hombres poderosos que dirigen las naciones y las corporaciones de todo tipo. Si las mujeres gobernaran el mundo estoy convencido de que se acabaría el negocio de la guerra y de la industria armamentísitica y eso es algo que, simplemente, algunos poderosos seguirán evitando a toda costa. Y si las mujeres estuvieran al frente de las grandes organizaciones supranacionales estoy convencido de que se encontrarían más fácilmente soluciones a los grandes problemas internacionales. Esta jornada internacional del 8M me ha llevado a recordar estas reflexiones que llevo haciendo desde que era niño, cuando ya me interesaba por la política y cuando observaba cómo en mi casa y en las casas de mis amigos las mujeres se entendían sin discutir y sin gritar apenas, a diferencia de los hombres, que todo lo resolvían con gritos y puñetazos en las mesas.

Esta idea, que me lleva acompañando toda la vida, ha venido hoy de nuevo a mi memoria, pero más que nunca ha quedado ratificada cuando he observado que en todas las manifestaciones convocadas no ha habido ningún altercado relevante, ya que de antemano se presuponía que iban a ser manifestaciones distintas, debido a la escasa presencia policial. Esa distinción, la pacífica, creo que es, por encima de todas, la que define a la mujer frente al hombre y no sé si se ha resaltado lo suficiente en estos días. Quizás a partir de hoy caigamos en la cuenta de que esa distinción marca la diferencia entre hombres y mujeres, y ése debería ser el punto de inflexión para que las mujeres vayan ocupando las posiciones sociales que les corresponden por derecho en la dirigencia del mundo y ojalá, a partir de hoy, ese punto de inflexión comience por que las mujeres ocupen, al menos, la mitad de los puestos de responsabilidad política en el mundo entero, aunque sea mediante la imposición legal de cuotas femeninas. Seguro que el planeta Tierra lo agradecería y respiraría aliviado para muchísimas generaciones. 

De momento, aquí en España los partidos políticos y sindicatos que han respaldado, entusiastas, este 8M deberían ir tomando nota y aplicarse el cuento rápidamente para ver hasta qué punto están dispuestos a dejar en manos de mujeres las responsabilidades más altas, incluidas la dirigencia de sus organizaciones. Seguro que el primero que promocione a una mujer para la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales recuperará o incrementará sus apoyos electorales. Y lo mismo vale para las secretarías generales de los sindicatos o para las presidencias de las patronales empresariales.