jueves, 29 de junio de 2017

ficciones | del amor a la amistad

    Recibió un sms que lo advertía de que su chico lo había llamado por teléfono para preguntarle quién era. “Yo te lo digo para que lo sepas, por si te dice algo, pero me preguntó de qué nos conocíamos y quién era yo, hasta que al final cayó en la cuenta y me pidió perdón.” Los celos infundados eran constantes. Él no comprendía cómo dos personas, después de haberse amado y deseado, podían llegar a quererse sin ningún tipo de interés. No entendía cómo dos amantes podían convertirse después en buenos amigos. “No siempre ocurre”, le había dicho él varias veces, “pero cuando no has podido construir una relación de pareja con alguien que al principio te enamoró, y no ha habido otro problema que una convivencia imposible, al cabo de un tiempo, cuando se supera la ruptura y el desamor, puede reconvertirse aquel sentimiento en una sincera y duradera amistad.” Sin embargo, la última vez su respuesta había sido la misma de siempre pero con un ultimátum: “pues yo no, yo no soy así, yo no puedo ser amigo de alguien a quien he amado y, si quieres estar conmigo, tendrás que comprenderme y dejar de ser amigo de tus ex.”
    Después de unos días pensando en el desafío al que lo había retado, determinó que nadie, por mucho que lo amara, podía cambiar la esencia de sus convicciones más profundas acerca del amor y la amistad. “Lo que tú me propones”, le contestó por fin, “es que yo cambie radicalmente mi forma de ser y de pensar, y eso es imposible, por mucho que te ame y por mucho que me ames. No nos entendemos en este punto y, para mí, la amistad está por encima del amor, porque está vaciada de intereses, de compromisos y de convivencia. Si quiero a un amigo lo quiero por cómo es, ni por lo que es ni por lo que tiene, ni por lo que fue conmigo a otro nivel en un tiempo pasado. Yo sé que vas a pensar que no te amo, pero como tú has dicho muchas veces: ‘si amas a alguien de verdad déjalo libre porque si te ama siempre volverá a ti’. Yo no soy tan hipócrita como para negar que si en alguien encontré cualidades para ser mi pareja, esas mismas cualidades no impiden que ese alguien sea mi amigo, si no me hizo un daño gratuito.” Lo miró con determinación, sintiendo que eran las últimas palabras que le dirigía como amante. Él suspiró, cerrando los ojos, y con todo el dolor de su corazón, le contestó: “muy bien, a partir de mañana seremos, entonces, unos simples conocidos.”


© FRANCÍ XAVIER MUÑOZ 2006

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