sábado, 8 de julio de 2017

ficciones | emoticonos

    Me despertó el timbre de casa pero yo no abrí. Era muy temprano todavía y pensé que sería algún comercial madrugador. Sin embargo, ante la insistencia, me acerqué a la puerta de puntillas y, en absoluto silencio, vi por la mirilla que era el amigo de mi chico que tantas veladas había compartido con nosotros en los últimos meses. Se habían reencontrado después de muchos años sin saber nada el uno del otro y, de repente, se había colado en nuestra rutina como si fuera un íntimo amigo de toda la vida. Me pareció tan extraña y brusca su manera de venir a casa, sin avisar previamente, que no abrí la puerta y me volví a la cama para intentar seguir durmiendo. Al instante recibí un mensaje suyo en el WhatsApp, preguntándome si estaba en casa o en el trabajo. Le respondí que estaba en casa de mis padres, que me había quedado allí a dormir porque hoy libraba y quería pasar el día con ellos. “Ah”, se sorprendió con el respectivo emoticono, “es que tenía que decirte algo urgente”. “¿Y te parece lógico presentarte en nuestra casa, así de repente, sin avisar antes?”, le pregunté. “Ya, perdóname, sé que no son las formas adecuadas, pero pasaba justo por delante de vuestra casa y me decidí a probar a ver si estabas”, me respondió con un gracioso emoticono. “Pues no estoy”, le escribí haciéndome un ovillo entre las sábanas, “y si quieres quedamos luego por la tarde los tres y nos cuentas eso tan urgente”. “No, sólo puedo decírtelo a ti”, leí con gesto sorprendido. “Es algo que sólo puedes saber tú”, continuó escribiendo. “Pero yo no puedo quedar contigo a solas, eso lo entenderás, ¿verdad?”, le pregunté con el emoticono de la boca torcida. “Sí, sí, claro, lo entiendo, llevas razón”, contestó con  un emoticono triste. “Pero yo tengo que decirte esto, ya no lo puedo seguir ocultando”, siguió escribiendo mientras yo me sentaba en la cama, ya preocupado. “Pues dímelo, entonces”, le animé con un emoticono sonriente. “Me he enamorado de ti”, escribió sin ningún emoticono. Tardé unos minutos en reaccionar. Al fin, pulsé el teclado: “Yo soy de quien soy, de tu amigo, ¿por qué no lo paraste cuando podías?”, le pregunté con un emoticono enfadado. “Pensé que dirías algo así, por eso me voy un tiempo fuera, hasta que pueda olvidarte”, respondió con el emoticono que llora y el del corazón roto. Mi dedo se quedó enganchado a un emoticono triste hasta que mi chico llegó por la tarde a casa.


© FRANCÍ XAVIER MUÑOZ 2016

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