El cardenal Levada ha mostrado su tristeza por la futura ley sobre el aborto que prepara el Gobierno Zapatero. En esta ocasión el Vaticano no ha mostrado la beligerancia que escenificó frente al Gobierno González en 1984. De momento. La tristeza que le asalta al cardenal es la misma que le lleva asaltando al Vaticano desde las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII, que dieron nacimiento al Estado de Derecho; es decir, la tristeza por no poder influir en las legislaciones de las antiguas naciones bandera del catolicismo. Que no esté triste el cardenal, pues esta futura ley, como tantas otras, no sólo está pensada para las mujeres católicas, sino también para las mujeres protestantes, musulmanas, judías, budistas, agnósticas y ateas que son, además de eso, españolas. Que se entristezca el cardenal por el posible uso que las mujeres católicas hagan de esta futura ley y que se preocupe de convencerlas para que no la utilicen, pero que deje en paz a las demás, que algunas estarán también tristes como él y otras muchas estarán muy contentas con el anuncio de la futura norma. Esa es la esencia de una democracia, que todas y todos podamos, en función de nuestra moral individual, sea religiosa o laica, hacer uso o no de los derechos que la ley nos reconoce y garantiza.
© Xavier Muñoz, 2008
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
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Solicitud Provisional. F: 07/09/2008. H: 00.45.
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