Mi amigo J. me dice que mi relato "El monólogo de Gener" le ha gustado mucho, tanto por el argumento como por el lenguaje, y que especialmente destaca el final que he elegido. Agradezco mucho su opinión, porque J. es actor, y me anima a continuar en esta nueva senda de profesionalización de aficiones literarias que he iniciado.
Hoy, precisamente, indagando en los libros de la asignatura Teoría de la Literatura, en la que también me he matriculado este curso, he descubierto respuestas a las dudas que me andaban rondando últimamente sobre la poesía que escribo. He encontrado explicaciones a muchas de mis fragilidades y no sé cómo no me he dado cuenta antes, teniendo en casa desde hace tiempo uno de los libros que me ha abierto los ojos. Ahora sé que mi quinto poemario, "La soledad perdida", es una obra de transición entre una poesía anárquica -versificación mayoritariamente irregular, casi totalmente amétrica y no sujeta a formas fijas de rima en su mayor parte- y una poesía en verso libre, pero sujeta a las normas métricas de dicha versificación. Digo adiós a la rima. Leer poetas publicados y premiados, analizando sus poemas, me hizo encontrar un nexo de unión entre todos y, quizás, la explicación al porqué de sus éxitos editoriales. Hoy, en la poesía nueva que se publica en España, predomina el verso libre académico. Igual que hace unos días decía a mis amigos que comenzaba una nueva etapa de mi vida en mi narrativa literaria, hoy puedo decir que, dando por finalizado mi quinto poemario, "La soledad perdida", comienzo un nuevo poemario, "Buscando formas", que abre la puerta al poeta maduro, riguroso y formalista que siempre he querido ser.
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