Tenía ilusión por leer el libro "No acosen al asesino", de José María Guelbenzu, pero no he podido continuar, he tenido que dejarlo apenas comenzado. La novela policiaca nunca me ha seducido, pero aún así lo he intentado. Quedaron atrás los años en que leía un libro hasta el final, aunque no me gustara (los últimos fueron "Volverás a Región", de Juan Benet, y "El Geco", de Rafael Sánchez Ferlosio). Cuánto se aprende con el paso del tiempo... De todas formas, leeré a Guelbenzu más adelante, pero no sus novelas policiacas. Ese género sólo me convenció con las novelas de Pedro Casals y, allá en mi juventud, con las de los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Así que he comenzado la novela "El museo de cera", de Jorge Edwards que, de momento, está entretenida.
Tampoco he podido seguir con "Historia del corazón", de Vicente Aleixandre. Es un libro de poemas en (lo que yo llamo) verso libre no académico, lo que algunos llaman verso libre irregular. El caso es que esos versos tan largos, que poco se diferencian de la prosa poética, no me seducen. Más bien, me cansan, y no me impulsan a abrir el libro, y cuando esto sucede, hay que pasar a otro. Así que he comenzado el poemario "Cara máscara", de Álvaro Tato, poeta joven, pero premiado.
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