El giro al centro del PP ya sabemos que es un eslogan publicitario o, al menos, el típico recurso al que acude este partido cuando quiere ganar las elecciones, como se vio en 1996 y se verá en toda esta legislatura. Si no, ¿por qué todos los jueces que ha propuesto para el Consejo del Poder Judicial pertenecen a la APM, asociación conservadora, y no a la Francisco de Vitoria, asociación centrista? ¿Por qué, si no, maniobra el PP, desde la calle Génova, para que ocho parlamentos autonómicos donde tiene representación suficiente para presentar candidato propio propongan únicamente a Francisco Hernando y Enrique López como candidatos al Tribunal Constitucional, magistrados manifiestamente conservadores, en una clara perversión del espíritu de la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, que pretende introducir hasta 34 candidatos de las asambleas autonómicas para que el Senado elija después a los 4 que le corresponde? Quien sí parece haber visualizado su giro al centro es el PSOE, pues al viraje de su política de inmigración, se une ahora la propuesta para que presida el CGPJ el magistrado Carlos Dívar, juez no asociado y profundamente religioso, que afirma que sólo en amar a Cristo se encuentra la única justicia. Ver para creer, nunca mejor dicho.
© Xavier Muñoz, 2008
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
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literatura para vivir, política para sobrevivir... y amor para compartir lo vivido y lo sobrevivido
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miércoles, 24 de septiembre de 2008
lunes, 22 de septiembre de 2008
MEMORIA EN CORTO - Descubrimientos
El sábado por la noche cenamos en El armario con mi amigo S., su pareja y otros dos amigos suyos. Habían venido de Burgos, donde viven todos, al concierto de Mónica Naranjo, que dijeron que no estuvo muy bien. S. lleva viviendo en Burgos unos seis años, y me quedé frío cuando lo supe, pues eso significa que llevábamos unos siete años sin vernos. A mí me parecía recordar menos tiempo. La comida fue cara, mediocre y con algunos platos muy escasos. El armario no es lo que era cuando lo inauguraron, hace unos doce años. Yo lo frecuentaba entonces a menudo con O. e, incluso, manteníamos una relación cordial con los dueños. S. me hizo un regalo por mi cumpleaños, y yo le correspondí con mi antología "Las olas del mar". Le hizo mucha ilusión, y lo demostró levántose de la mesa para besarme. Su pareja, incluso, recitó uno de mis poemas, "Al mar que bañó otra playa". Dijo que sonaba muy bien. En su voz, desde luego que sí. Forma parte de un coro y eso se nota. Mi sorpresa fue ver a sus amigos hojeando también mi libro con interés. Después fuimos a la discoteca Cool, donde tomamos un par de copas. J., el amigo de S., estaba ilusionado, pues era la primera vez que pisaba Chueca y la primera vez que entraba a Cool, con sus jóvenes 19 años. Se emocionó con la presencia de algún que otro famoso. Yo tuve toda la noche presente en mi cabeza aquellas palabras del protagonista de "Muerte en Venecia", de Thomas Mann:
(...) nosotros, los poetas, no podemos recorrer el camino hacia la Belleza sin que Eros se nos una y se erija en nuestro guía; (...) pues lo que nos enaltece es la pasión, y nuestro deseo será siempre, forzosamente, amor: tal es nuestra satisfacción y nuestro oprobio. (...) ¿Comprendes por qué tenemos que extraviarnos necesariamente, y ser siempre disolutos, aventureros del sentimiento? (...) De ahí que renunciemos al conocimiento; pues el conocimiento, (...), carece de dignidad y de rigor: (...), simpatiza con el abismo, es el abismo. Por eso lo rechazamos, (..), y nuestros esfuerzos tendrán en adelante como único objetivo la Belleza, es decir la sencillez, la grandeza, un nuevo rigor, una segunda ingenuidad, y la forma. Pero la forma y la ingenuidad, (...), conducen a la embriaguez y al deseo, pueden inducir a un hombre noble a cometer las peores atrocidades en el ámbito sentimental (...); llevan, también ellas, al abismo. A nosotros los poetas, digo, nos arrastran hacia él, dado que no podemos enaltecernos, sino solamente entregarnos al vicio.
(...) nosotros, los poetas, no podemos recorrer el camino hacia la Belleza sin que Eros se nos una y se erija en nuestro guía; (...) pues lo que nos enaltece es la pasión, y nuestro deseo será siempre, forzosamente, amor: tal es nuestra satisfacción y nuestro oprobio. (...) ¿Comprendes por qué tenemos que extraviarnos necesariamente, y ser siempre disolutos, aventureros del sentimiento? (...) De ahí que renunciemos al conocimiento; pues el conocimiento, (...), carece de dignidad y de rigor: (...), simpatiza con el abismo, es el abismo. Por eso lo rechazamos, (..), y nuestros esfuerzos tendrán en adelante como único objetivo la Belleza, es decir la sencillez, la grandeza, un nuevo rigor, una segunda ingenuidad, y la forma. Pero la forma y la ingenuidad, (...), conducen a la embriaguez y al deseo, pueden inducir a un hombre noble a cometer las peores atrocidades en el ámbito sentimental (...); llevan, también ellas, al abismo. A nosotros los poetas, digo, nos arrastran hacia él, dado que no podemos enaltecernos, sino solamente entregarnos al vicio.
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