Asistimos impasibles a un proceso de construcción europea a la carta, como se calificó hace años. Irlanda da el visto bueno a la convocatoria del referéndum de ratificación del Tratado de Lisboa, tras obtener seguridad jurídica para sus pretensiones. Al mismo tiempo, Reino Unido protege su soberanía fiscal. También Polonia, poco tiempo atrás, logró de la UE la desvinculación de ciertos artículos de la Carta de Derechos Fundamentales, especialmente en lo referido a derechos de minorías sexuales. Si seguimos a este ritmo, más que una federación construiremos una confederación. Si las trabas en el camino que ponen ciertos países menos europeístas no suponen ninguna molestia para el resto de países que sí lo son, habrá que preguntarse si, en verdad, en estas últimas naciones no hay ninguna especificidad digna de salvaguardar de la apisonadora comunitaria o, por el contrario, habiéndola, se prefiere el acatamiento sin más discusión a la confrontación con los países miembros. ¿Qué cesiones han tenido que hacer algunos países sin rechistar para que la nave llegue a buen puerto? ¿No sería más justo invitar a los países más incrédulos, a los que consiguen excepciones, a que abandonen la UE y nos dejen a los demás morir de éxito o de fracaso con este proyecto?
© Francí Xavier Muñoz, 2009
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
Reg. Terr. Propiedad Intelectual Com. Madrid
Solicitud Provisional. F: 20/06/2009. H: 07.00
Muy interesantes las interrogaciones que te haces.
ResponderEliminarEso, los euroescépticos ¡QUE SE VAYAN! y dejen de ponernos chinitas (o pedruscos) en los zapatos.
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