Publicada en la edición impresa del periódico EL PAIS del día 22 de julio en la sección de Opinión-Cartas al Director, con el título de "Frases lapidarias".
El prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Antonio Cañizares, ha pronunciado unas cuantas de esas frases lapidarias a las que nos tiene acostumbrados el Vaticano últimamente. En esta ocasión ha ligado la crisis económica con los abortos practicados en todo el mundo. Resulta que son esas interrupciones del embarazo las tropelías más graves de la actual crisis mundial. No las guerras, no la pobreza, no el hambre, no las enfermedades, no las corrupciones, no las injusticias, no la avaricia de unos pocos. “No hay barbaridad más grande que el aborto”, ha dicho Cañizares. No perdería credibilidad a chorros la jerarquía católica si hiciera una condena igual de severa sobre la pena de muerte, por ejemplo. Sin embargo, como alternativa a esos 47 millones de abortos anuales el Vaticano no ofrece un recurso que invite a las mujeres a replantearse tan extrema decisión. No ofrece, por ejemplo, cuidado y manutención a todos esos niños no nacidos. A Cañizares, además, le importa poco que cada año 175 millones de niños queden desprotegidos por hambre, guerras o desastres naturales; él quiere sumar a esa cifra unos cuantos millones más. Lo curioso es que no recuerdo una campaña tan orquestada entre la Curia y los obispos españoles cuando gobernaba Aznar.
© Francí Xavier Muñoz, 2009
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
Reg. Terr. Propiedad Intelectual Com. Madrid
Solicitud Provisional, 21-07-09
El tema del aborto es de los más peliagudos que existen, desde luego. Yo he vivido las angustias de dos embarazos de cierto riesgo los dos, uno de ellos no buscado en absoluto y que me sentó fatal (ahora estoy encantada con mi peque, pero esa es otra historia) y con la angustia añadida de que ya tenía 39 años al quedarme embarazada.
ResponderEliminarNo se puede frivolizar sobre el tema, es muy fácil dar soluciones y opinar desde la barrera, pero los toros se torean en el ruedo, y no me puedo creer que ninguna mujer decida abortar alegremente como quien se toma una caña, que es lo que parecen pensar nuestros amigos de la curia. También es cierto que si realmente existiese un programa de ayudas para la maternidad "como Dios manda", serio y profundo, y una educación sexual y vital sin melindres ni hipocresías, el número de abortos se reduciría drásticamente.