Publicado en IZQUIERDA DIGITAL el 19/11/2011:
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Me llama este viernes por la tarde, cierre de campaña, un amigo atribulado. Tiene dos papeletas encima de su escritorio, una con la candidatura de IU al Congreso y, otra, con la candidatura del PSOE. Siempre ha sido un votante progresista, leal a sus principios, pero infiel a los partidos. Es decir, siempre ha votado en conciencia y por quien mejor representara sus ideales en cada convocatoria electoral. Desde su mayoría de edad, ha repartido sus votos entre IU, PSOE e, incluso, Los Verdes. Pero hoy está pasando por un inmenso apuro, pues siempre había votado con alegría, con firme decisión, con las ideas claras, con convicción. Y siempre había un motivo para ello. Hoy, sin embargo, no tiene esa alegría en el cuerpo; hoy se plantea, por primera vez en su vida de elector, si votar por sus ideales o por sus intereses. Y me lo explica.
Me dice que sus ideales, en esta ocasión, los representa claramente IU, incluso con la intolerable decisión que tomaron en Extremadura, facilitando el gobierno del popular Monago. Recuerda que la dirección federal de IU se opuso con todas sus fuerzas, pero sus limitados recursos, a dicha decisión. En esta campaña ha recordado varias veces los enfados y las diáfanas declaraciones de Cayo Lara o Miguel Reneses capeando aquel temporal. "Solo por esa actitud, les perdonaría aquella nefasta decisión, y les votaría el domingo". Me dice, también, que IU ha votado en contra de todas y cada una de las decisiones liberales que ha tomado el Gobierno Zapatero desde mayo de 2010. Me dice que no puede olvidar quién ha estado representando y defendiendo los intereses de la clase trabajadora mileurista, a la que él pertenece, en cada uno de los embates parlamentarios.
Sin embargo, cada vez que piensa que un escaño en el Congreso le cuesta a IU, de media, unos 500.000 votos, y al PSOE unos 60.000, hace la siguiente cuenta: "si 500.000 votantes desencantados con el PSOE votamos ahora a IU, este partido consigue un diputado, pero el PSOE pierde 7, que van directamente a la cuenta del partido más votado según las encuestas, que es el PP". Le recorre por el cuerpo un escalofrío cuando piensa que tantos votos a IU se convierten, al mismo tiempo, en diputados para el PP. "Fíjate si será retorcida la ley electoral", me dice, "que para el Congreso de los Diputados convierte votos rojos en azules".
Sus ideales esta vez no están con el PSOE, partido al que ha votado por primera vez e ininterrumpidamente desde 2003 a 2009. Ha votado, por este orden, a Trinidad Jiménez, Rafael Simancas, Rodríguez Zapatero, Josep Borrell, Miguel Sebastián y López Aguilar. Sin embargo, en las últimas municipales y autonómicas de 2011 votó por IU, por Ángel Pérez y Gregorio Gordo. Y se sintió satisfecho, me cuenta, porque su voto fue útil y ayudó a que IU aumentara su representación tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid.
Sus ideales esta vez se los ha cargado el Gobierno Zapatero. Me dice mi amigo que en la candidatura del PSOE están quienes votaron en el Congreso en 2010 a favor de la reforma laboral, que fue cuando se produjo su enorme decepción con el PSOE. Mi amigo participó activamente en la huelga general del 29-S. Ahí, recuerda, se produjo un punto de inflexión que terminó de rematar la reforma exprés de la Constitución. En un año y pico ha ido de decepción en decepción, viendo cómo el Gobierno que él había votado no adoptaba ni una sola medida progresista contra bancos, grandes empresas y enormes fortunas, ni acometía una reforma fiscal profundamente justa y progresiva, ni luchaba con determinación contra el enorme fraude fiscal que lastra los ingresos del Estado, ni convertía las cajas de ahorros en bancos públicos, etc., etc., etc. Antes al contrario, cada medida que tomaba su Gobierno, más se alejaba de los ideales por los que él había votado en 2008. "No lo critico por las medidas que tuvo que tomar en 2010, que las entiendo, sino por las que no tomó y que también podía haber tomado, paralelamente a las otras", me dice ahora profundamente enfadado. "Solo en tiempo de descuento y en precampaña electoral han implementado alguna tímida medida progresista".
Pero mi amigo se para en seco, suspira, y me dice que el candidato del PSOE, Pérez Rubalcaba, le ha desconcertado. "Ha conseguido hacerme pensar", me dice. Analiza ahora las elecciones generales en clave de elecciones presidenciales, "como si viviéramos en una república presidencialista", continúa, "y me planteo el voto con dirección exclusiva a la Presidencia del Gobierno, donde solo hay dos alternativas: PP o PSOE". Mi amigo dice que la diferencia ahora está en que uno puede recortar pero el otro puede, directamente, podar. "Y no es lo mismo". Además, le asusta una mayoría absoluta del PP. "Por tanto, si me planteo mis intereses y no mis ideales, mi emergencia nacional consiste en evitar esa mayoría absoluta". Además, el candidato Rubalcaba ha presentado una batería de propuestas socialdemócratas que no estaban en el discurso del Gobierno Zapatero. "Y ahí es donde estoy más desconcertado", me confiesa apesadumbrado mi amigo. "¿Y si Rubalcaba no hubiera estado de acuerdo con algunas de las medidas más liberales de Zapatero? ¿Y si hubiera manifestado su oposición en Consejo de Ministros a la reforma laboral, por ejemplo, o a la inacción contra los poderes financieros? Ya mostró públicamente su disensión con el jefe por la forma en cómo había planteado, por ejemplo, la reforma de la Constitución. ¿Qué margen de influencia puede tener un vicepresidente o un ministro frente a la tozudez del presidente del Gobierno y todo su Gabinete, que funciona como un auténtico Gobierno en la sombra? Acuérdate de los enfados que a algunos ministros les produjo la decisión de Aznar de entrar en la guerra de Irak... No sé... ¿y si Rubalcaba fuera, tal como parece en esta campaña, bastante distinto a Zapatero? Estoy hecho un lío..." Termina su reflexión angustiada con esta pregunta: "por otro lado, ¿de qué serviría un grupo parlamentario propio de IU frente a una mayoría absoluta del PP?, porque eso que dice ahora Cayo Lara de que sus votos restarán votos a la derecha no me lo trago, ¿cuándo se ha visto que alguien dude entre votar a IU o al PP?, eso es una ocurrencia de última hora frente a la apelación al voto útil que ha hecho Rubalcaba".
Cuando mi amigo me pregunta si le puedo ayudar a tomar una decisión, solo acierto a balbucear que, al final, van a resultar ciertas dos afirmaciones de última hora que he leído en la prensa progresista: que estamos ante las elecciones más decisivas de nuestra reciente democracia, y que hasta el clima con el que amanezca el domingo 20 puede influir en el ánimo del votante progresista desconcertado.
© Francí Xavier Muñoz, 2011
Cuitas e ideas de un soñador desvelado. Vol. I