Oscura noche de un tiempo lejano.
Derrotado, caminando en las ruinas
de una mirada.
Desde el núcleo descentrado
de mi memoria perseguida
te veo pasear sobre las hojas
de tu bosque inmenso sin nombre.
Nuestro cosmos particular,
nuestro mundo de besos,
todo nos lo arrebató el viento.
La casa se derrumba en las tardes de tormenta
y mi cuerpo se deshace en tus manos
al recordar tus pasos, tu figura,
en las sábanas que tus brazos me abren.
Muero un poco todos los días,
aquí en el patio,
mientras espero, tembloroso,
tu canto.© Francí Xavier Muñoz, 1990
La estancia del mate. Poemario I
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