Mi amigo R. me llama nada más llegar al trabajo. Me cuenta lo bien que se lo está pasando estos días, aprovechando la soledad. Su soltería vuelve a las andadas. Me hace una síntesis de la locura del concierto de Madonna, en Cheste (Valencia), al que fue hace dos semanas.
U.E me llama casi a las dos de la madrugada, muy asustado y nervioso. Dice que el corazón ha estado a punto de salírsele, que ha tenido una fuerte taquicardia. Me cuenta que ha notado una presencia extraña, alteración en su cuerpo, y frío, mucho frío. No me coge de sorpresa. Yo mismo he sentido frío inesperado a mi alrededor en esa casa varias veces. Y he sido testigo de cómo se ha apagado o encendido solo el equipo de música. Pero en esta ocasión, U.E. dice que no es una presencia juguetona, sino violenta. Dice que se ha enfrentado a ella, pero que no la intimida. Le recomiendo que se vaya a dormir a mi casa. Llamo a mi madre y se lo cuento. Al cabo de un rato, U.E. me llama desde mi habitación. Ya está acostado en mi cama.
Termino, por fin, el poema "Verdad despertada".
No hay comentarios:
Publicar un comentario