El 19 de noviembre sale a la venta el libro de mi amigo J.J., "El maquillaje de las estrellas", de Ediciones B. Creo que es el tercer amigo con libro publicado. Mis amigos A. y G.J. ya editaron uno sobre pedagogía, y C.S., quien fue mi amiga durante años, también publicó otro, de contenido espiritual, relativo a fenómenos paranormales. Me alegro mucho por J.J., a pesar de la diferencia de criterio que tenemos sobre las mayores o menores oportunidades que se dan para publicar, hoy, un libro en España, en función del entorno laboral o social en el que cada uno se desenvuelva.
Felicito a mi amigo J., pues hoy es su cumpleaños, y hablamos un buen rato, ya que lo hacemos casi de año en año. Me confirmará la semana que viene si puede acudir a la cena que damos dentro de dos semanas. También es el cumpleaños de J.D., la hija de U.E. La llama desde mi casa, pero no le da tiempo a contarme qué ha hablado con ella. Luego en la cena me lo dirá. Creo que son 6 años los que cumple y U.E. está, en el fondo, muy triste por ese viaje aplazado de la niña a España. Yo le animo a que vaya a verla él y creo que es lo que hará dentro de poco.
De fenómeno paranormal se puede calificar la llamada de mi amigo N., después de tantos meses y después de tantas veces que he dicho que tenía que llamarlo. Hace unos días le envié un mensaje de texto y ahora, por fin, ha respondido. De fenómeno paranormal, digo, porque llevo unos días dándole vueltas a un relato hiperbreve inspirado en una de sus últimas llamadas, que tenía que haber comenzado anoche y que, sin embargo, habia pospuesto a hoy. Está feliz porque dentro de unos meses se vendrá a vivir al piso que sus padres le compraron. De momento, me ha contado, no trabajará, sino que estudiará dos cursos a distancia en los que se ha matriculado. Después, ya veremos, dice. Me reitera el cariño que siente por mí, la amistad indisoluble que nos liga, y el deseo de vernos más a menudo, cuando ya esté instalado en su ático. N. y yo tenemos aún muchas cosas de las que hablar, muchas cosas que se quedaron simpre en el tintero, por la absurda cobardía que nos asaltaba todas las veces que queríamos confrontar nuestro destino y nuestra amistad o, cuanto menos, explicarla y darle un encaje adecuado en nuestras vidas, que nos despejara cualquier duda y nos eximiera de cualquier culpabilidad. Desde su último intento de recuperación, he decidido afrontar todas esas incógnitas, muchas de las cuales quedaron expresadas en poemas. Y yo siento que, cada vez que me llama, como hoy, queda en él todavía esa reserva a llamar a las cosas por su nombre.
N. dice que me quiere mucho y que yo he significado y significo aún mucho en su vida, porque soy una de sus referencias más influyentes. Dice también que quiere mucho a mi madre, que es una de las personas más educadas y respetuosas que conoce, y que la debe una multitud de favores y detalles. La quiere, dice, como a una segunda madre, porque en ocasiones y, especialmente, durante los tres años que él estuvo viviendo en Madrid, ella fue en verdad su madre.
Yo le agradezco estas muestras de amistad y cariño, pero sin embargo, tanto para mi madre como para mí lo más importante es que N. de verdad se recupere.
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