El fin de semana en el pueblo ha sido, como siempre, relajante. Estamos tan a gusto en la casa que apenas salimos a la calle para comprar algo. Yo, últimamente, ni visito a mis primos. Es entrar en la casa y cambiar el registro. Lo único que me conecta al mundo es la lectura del periódico y alguna revista. De lo demás, descanso. Y cuando quiero entretenerme, ordeno algo, decoro alguna pared o, simplemente, limpio. Disfrutamos de otras cosas y, sobre todo, de la cocina. Y lo hacemos en familia. U.E. facilita, con su ternura y humor, ese ambiente. La lluvia, esta vez, me recordó a la abuela, y el silencio de la mañana, en el salón, me inspiró un poema, pensando en ella, que escribí de una vez, como hacía muchos meses que no lograba. Lo he titulado "Sonido tuyo". Se lo recité a U.E. y le encantó.
Hoy han comenzado las clases de la universidad. He llegado antes de tiempo y me he acercado a una de las entradas del Mercado de San Fernando, recordando el trayecto que recorría con mi madre, todas las mañanas y tardes, para ir al Colegio La Salle de la Paloma, cuyo patio da a la calle de Toledo. Justo enfrente del colegio viven mis amigos F. y P. Una Nochevieja en su casa, después de unas horas, caí en la cuenta de que el patio que veía desde su balcón era en el que yo había jugado de pequeño en las horas del recreo. Me emocioné al recordar todavía algunas vivencias que, a pesar de los años, no había olvidado. Como esta tarde, frente al mercado, cuando he recordado sus paredes empapeladas por los carteles de UCD con su candidato a la alcaldía de Madrid, un tal José Luis Álvarez, si no recuerdo mal, que ganó, y que fueron las últimas que repitió como alcalde antes de perder a manos del candidato socialista, Enrique Tierno Galván. Yo era muy pequeño aún, pero aquellos carteles electorales quizá fueron los primeros que despertaron en mí una curiosidad incipiente por la política. Un tiempo después, el fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 asentó, definitivamente, mi pasión por la cosa pública.
El profesor de Derecho Romano ha alabado mi predisposición al estudio. No me conoce de nada, pero al ver el instrumental que he sacado (regla, lápiz negro, lápiz azul, rotulador fosforescente) ha deducido que soy ordenado, metódico y que me gusta aprender. Ha dicho algo más, que me ha sorprendido: que pienso en quien vaya a consultar mis libros o en quien los vaya a heredar algún día, por ese cuidado que pongo en subrayarlo todo recto. Aparte de esta anécdota, el profesor me ha asustado un poco. Es de los que saben mucho, de los que tienen vocación por lo que enseñan, pero quiere construir la casa por el tejado, comenzando desde el primer día a resolver casos prácticos, sin explicar nada de teoría. Un compañero que estaba a mi lado, G.V., también se ha asustado y después de clase nos hemos quedado charlando media hora. Él no puede ir todas las semanas a clase y me ha pedido el favor de que lo mantenga informado, vía correo electrónico.
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