Una de cal y una de arena
Tras la elección de Martínez Camino como portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal, consuela saber que, como en toda organización plural que se precie, hay sensibilidades bien diferenciadas. El problema es que quienes actualmente dirigen dicha institución lo hacen muchas veces pensando sólo en la parte ultraconservadora que representan, y no en la totalidad de la misma. La impostura de este sector clama al cielo, nunca mejor dicho.Que diga Martínez Camino, que el crucifijo es un signo de garantía de la libertad frente al totalitarismo, cuando estuvo bien presente durante la larga dictadura de Franco, es tanto como decir que no surtió efecto, o que la actual democracia no se diferencia de ese tipo de régimen.Que diga el portavoz episcopal que el crucifijo es un signo de distinción entre el Estado y la Iglesia –y que luego algunos obispos reclamen el derecho a intervenir en la política y las leyes que rigen la convivencia de una sociedad plural y aconfesional– es elevar a categoría de dogma la hipocresía de la que hacen gala esos obispos en sus declaraciones públicas. Menos mal que ahora dice el portavoz que la Iglesia respetará y apoyará a los familiares que busquen y honren a sus muertos. Los católicos de izquierda se lo agradecerán.
Francí Xavier Muñoz / Madrid / 30-11-08
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