El Arzobispo de Toledo ha declarado que nuestra sociedad está muy enferma y padece cristofobia, por no haberse colgado la placa de la madre Maravillas en el Congreso y por haber sentenciado un juzgado de Valladolid en contra de la exposición de símbolos religiosos en un colegio público. Afortunadamente, el arzobispo sólo ejerce de tal y no de psiquiatra, aunque no estaría de más que visitara a alguno que lograra acomodarle en su fe cristiana la justificación de los crímenes cometidos por la Santa Inquisición, el apoyo de las jerarquías eclesiales a las dictaduras fascistas de Europa y América Latina y la vergüenza de los sacerdotes pederastas de todos los continentes, por poner sólo algunos ejemplos de las enfermedades padecidas por la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Lo que hace que todavía muchos católicos no se conviertan al evangelismo es la existencia de numerosas organizaciones católicas de base, obreras y laicistas, que representan a la otra iglesia, la que no tiene micrófonos ni prebendas. La enfermedad de algunos obispos españoles, la democrafobia, tiene síntomas claros: desprecio a la Constitución española y a las leyes del Estado y fobia al Estado de Derecho. Receta: memorización de los artículos 1, 10, 14 y 16 de la norma fundamental.
© Xavier Muñoz, 2008
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
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