La reforma del Código Penal iniciada por el Gobierno ha suscitado las críticas de juristas expertos en la materia de tendencia progresista. Se ha titulado al Código Penal que resulte de dicha modificación como el más duro de la democracia y uno de los más rígidos de la Unión Europea. Las diatribas se centran en que la reforma surge de algunos de los últimos escándalos que han ocupado las primeras páginas y pantallas informativas y que algunas medidas son desproporcionadas. Se cumple aquí la costumbre de legislar en ciertas materias en sentido conservador cuando hay un gobierno progresista y viceversa. Sin embargo, hay un equivocado concepto de la progresía que entiende mejor la legislación penal y penitenciaria como garante de los derechos de los delincuentes que como garante de los derechos de las víctimas. España tiene uno de los sistemas constitucionales, penales y penitenciarios más comprensivos con el delito y su autor de nuestro entorno occidental, fruto sin duda de la repulsa que concitó el franquismo. Todo el Derecho se actualiza en función de la evolución social y esta reforma intenta proteger a los ciudadanos de esos delincuentes que no se pueden reinsertar, que sigue siendo el objetivo último a conseguir. Bienvenida sea, por tanto.
© Xavier Muñoz, 2008
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
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