http://www.izquierdadigital.es/articles/276--Monarqu-a-o-Rep-blica-.asp
La voluntad popular de los españoles se expresó de forma clara y contundente, respaldando mayoritariamente a los partidos republicanos, en las elecciones municipales de 1931. Tan estrepitoso fue el fracaso de los partidos monárquicos que el rey Alfonso XIII no tuvo más remedio que comprender a su pueblo y exiliarse. A esa decisión y a ese cambio de opinión influyeron, por un lado, la equivocación del monarca al apoyar la opción dictatorial de Primo de Rivera y, por otro, la ampliación del sufragio electoral. Aquella decisión mayoritaria del pueblo español provocó el inmediato advenimiento de la II República, proyecto transformador donde los haya habido, adelantado a su tiempo, que fue interrumpido por la violencia e ilegalidad del golpe de Estado del general Franco, que provocó la Guerra Civil española, de la que se derivó un régimen dictatorial, en el que fueron suspendidas las libertades y los derechos políticos hasta 1975, en que muere el dictador. Éste nombró sucesor a título de rey a don Juan Carlos de Borbón que, sensible al sentir de los nuevos tiempos, desarmó con otras ayudas las estructuras de poder franquista y coadyuvó, junto a sectores democráticos de la sociedad y la política españolas, a reinstaurar el régimen constitucional abortado en 1939, bajo la forma de una monarquía parlamentaria.
Los españoles fueron preguntados en referéndum sobre la conveniencia del nuevo régimen constitucional bajo esa forma de Estado, sin opción a pronunciarse realmente sobre ella, pues la consulta se hacía sobre una Constitución ya consensuada, en la que se incluía dicha opción para la jefatura del Estado, por lo que en realidad la pregunta subyacente que se hacía era democracia o continuismo autocrático y no monarquía o república. Lo que se ofreció al pueblo español fue la elección entre una democracia en forma de monarquía parlamentaria o una autocracia en forma de monarquía sin más. Sin duda, en aquel momento histórico, otra pregunta no era posible y el pueblo eligió, evidentemente, la mejor de las dos opciones.
Admitiendo, por tanto, que la voluntad popular sobre la opción de la jefatura del Estado ha sido violentada en dos largos paréntesis (la dictadura de Franco y la monarquía de Juan Carlos I), una vez fallecido el actual Jefe del Estado, ¿tenemos los nuevos españoles del siglo XXI derecho a pronunciarnos sobre la continuidad o no del régimen republicano, cuya legalidad histórica y democrática ha sido abortada de manera ininterrumpida desde 1939? O planteado de otra manera, ¿tenemos los españoles del siglo XXI derecho a pronunciarnos libremente sobre la continuidad o no de un régimen, el monárquico parlamentario, que fue impuesto a medias por un dictador y por el miedo a un nuevo pronunciamiento militar? Yo creo que, para despejar definitivamente las dudas sobre la legitimidad, que no legalidad, de la actual forma de la Jefatura del Estado, sí tenemos derecho a pronunciarnos en un referéndum que nos plantee la pregunta: ¿monarquía parlamentaria o república, sea ésta presidencialista o parlamentaria también?
Se dice que el intento de golpe de Estado del 23-F legitimó ante los españoles el acceso al trono de Juan Carlos I. No estaría mal que el futuro monarca, Felipe VI, para legitimar el suyo, convenciera al Gobierno de turno para convocar un referéndum en el que se nos preguntara sobre esta cuestión, monarquía o república.
© Francí Xavier Muñoz, 2008
Cuitas e ideas de un soñador desvelado. Vol. I