Asistí a la manifestación civil contra la impunidad de los crímenes del franquismo y por la exigencia de "verdad, justicia y reparación" para las víctimas de dicho régimen. Fui con U.E., mi primo A. y mis amigos M. y D. Me alegró ver la cantidad de gente que había. Ya en el metro intuí que, al final, la sociedad civil iba a responder más de lo que yo pensaba. Y así fue. Lo más impactante fue ver a esos familiares que portaban carteles con las fotos en blanco y negro de sus muertos y desaparecidos. Eso lo habíamos visto en otros países, pero aquí todavía no. Y eso, en el fondo, es lo que le molesta a la derecha decimonónica y guerracivilista que tenemos en España. También me sorprendió ver tantas banderas republicanas, ondeadas y exhibidas con orgullo y alegría. Que vayan tomando nota los políticos y la Casa Real. El gesto de Jaume d'Urgell, activista bien conocido en la izquierda, de subirse al ascensor del metro para ondear esa enorme bandera fue celebrado y aplaudido por todos. Finalmente, en la Puerta del Sol, firmamos por lo que allí se pedía, el archivo de la causa contra Garzón y la investigación de los crímenes del franquismo. Y allí tuve la última emoción, cuando escuché una canción republicana y me percaté de cómo estaba tomada la plaza por la gente y por las banderas republicanas. Sentí un escalofrío y recordé las imágenes de aquella Puerta del Sol del 14 de abril de 1931. Y, por unos instantes, tuve una sensación muy parecida a la que pudo tener aquella gente ilusionada aquel hermoso día.
Y tuve la satisfacción de haber rendido, con mi presencia y la de mi primo, un homenaje a la generación de mis abuelos, que padecieron la guerra y sus consecuencias. Mi abuelo sufrió una herida de guerra que lo mantuvo convaleciente en casa durante cuatro años y le incapacitó para seguir desempeñando su trabajo y que, a la larga, le debilitó la salud. Mi abuela tuvo que vender el carro y los aperos con los que mi abuelo se dedicaba al transporte. Recordé aquellos días que me contó mi abuela, cuando tuvo que ir al hospital de guerra habilitado en Uclés (Cuenca) -que yo visité hace años- a ver a su marido, con mi bisabuelo, mi tío y mi madre, que eran pequeños. Recuerdo que me contó que aquellos días tuvieron que dormir en el carro, pues no había alojamiento en la posada. Por ellos, por sus penalidades y sacrificios, también nos manifestamos ayer.
photo by Ulysse NH
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