El líder del PP, Mariano Rajoy, y su álter ego, Dolores de Cospedal, han perdido definitivamente el poco crédito que les quedaba. Y han demostrado, con las declaraciones de este fin de semana, que han heredado lo peor de la derecha decimonónica y montaraz que ha padecido España. Hay que tener mala fe para acusar al Gobierno, al PSOE y a la plataforma cívica que se manifestó el sábado por toda España, de alentar una campaña antidemocrática contra las instituciones del Estado y de poner en riesgo la división de poderes. Hay que ser muy hipócrita para acusar de tamaña irresponsabilidad, ellos que formaron parte de un gobierno que mintió al mundo entero en marzo de 2004; ellos que militan en un partido que se manifestó contra el Tribunal Supremo en febrero de 2007; un partido que recusa a magistrados incómodos para sus causas en el Tribunal Constitucional; un partido que acusa de persecución a policías, jueces y fiscales; un partido que denigra a un juez incómodo para los imputados entre sus filas; un partido que obstruyó deliberadamente la renovación del CGPJ y que, ahora, obstruye la del Constitucional, etc. Ni Rajoy ni Cospedal ni sus voceros van a dar lecciones de respeto democrático e institucional a nadie y, menos aún, al PSOE.
© Francí Xavier Muñoz, 2010
A diestra y siniestra
Cartas al Director y un grito desesperado. Vol. III
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