lunes, 16 de enero de 2017

mi sensación | fresa y chocolate

Una de mis películas favoritas, que vi en el cine cuando se estrenó y que retrata magistralmente las dificultades que un gay tenía entonces en Cuba para vivir su sexualidad de forma abierta. Una película que abrió caminos, pues a partir de ella se fue normalizando el trato a los gays no sólo en las artes sino en la vida misma. Una magnífica interpretación de Jorge Perugorría y un tratamiento amable de la homosexualidad de su personaje, Diego, que lo retrata desde la consideración a su formación cultural e intelectual, a pesar de ser crítico con la revolución cubana. Muy lograda la contraposición con su contrario, el personaje interpretado por Vladímir Cruz, un joven estudiante revolucionario, David, que desde un asentado prejuicio inicial de la homosexualidad, evolucionará hacia su normalización por medio de la amistad con Diego. De fondo, las restricciones de la economía cubana, con importantes carencias materiales que impiden el libre desarrollo individual y la satisfacción colectiva de necesidades públicas y privadas, más allá de las básicas, en lo que también tiene su parte de responsabilidad el largo bloqueo comercial que EE UU impuso a la isla. Hay muchas frases ingeniosas a lo largo de la película, pero me quedo con ésta: "el arte no es para transmitir, el arte es para sentir y pensar, para transmitir está la radio, la prensa...", que Diego pronuncia para rechazar el arte como instrumento al servicio de la difusión de ideologías políticas. © FXM





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