jueves, 25 de diciembre de 2008

MI REFLEXION | Derecho a una muerte digna

Han causado sorpresa las manifestaciones hechas por uno de los cardenales españoles más moderados, Carlos Amigo, arzobispo de Sevilla, en las que expresa la opinión contraria de la jerarquía católica española a la futura ley que se debatirá en la asamblea autonómica de Andalucía, con la que se pretende regular la aplicación de tratamientos paliativos y sedaciones a enfermos terminales. Han causado extrañeza pues, desde Pío XII a Juan Pablo II, la doctrina oficial de la Iglesia católica ha avalado la sedación terminal, entendida ésta como la limitación del esfuerzo terapéutico del paciente o el rechazo del tratamiento. Más allá de la declaración puntual de monseñor Amigo sobre la postura oficial de la Iglesia en este tema y en el de la eutanasia, va siendo hora ya de que se regulen por ley estas cuestiones (y de que la Iglesia católica apoye dicha regulación), pues si tanto desde un punto de vista científico como cristiano se reconoce a la muerte como parte intrínseca e inseparable de la vida (parte final que, en el caso del cristianismo, abre la puerta, además, a una vida eterna), el Derecho positivo español no puede hacer otra cosa más que legalizar el derecho a una muerte digna (sean sedaciones, rechazos de tratamiento o eutanasia), ya que nuestra Constitución reconoce en su Art. 15 que todos los españoles tenemos derecho a la vida, y en su Art. 10 que la dignidad de la persona y el libre desarrollo de la personalidad son fundamentos, entre otros, del orden político y social, o dicho de otra manera, que todos tenemos derecho a que se nos respete nuestra dignidad en función de la personalidad que libremente hemos desarrollado. Esto es tanto como decir, concordando los dos preceptos constitucionales, que todos los españoles tenemos derecho a una vida digna, pues es inconcebible la dignidad de la persona sin la vida de la misma, así como resulta también inconcebible, en un Estado democrático de Derecho como el nuestro, toda vida que no sea digna, pues para eso se le confiere a la dignidad de la persona fundamento constitucional. Si la ciencia y la religión se ponen de acuerdo en determinar que la muerte no es más que el tramo final de la vida, pero es parte sustancial e inseparable de la misma, es decir, requisito indispensable para vivir, ¿a qué viene tanta oposición por parte de la jerarquía católica a la regulación jurídica del derecho a la muerte digna, en función del libre desarrollo de nuestra personalidad, que también se manifiesta en la opción que elegimos en ese tramo final de nuestras vidas? Si tenemos derecho a una vida digna y la muerte es parte de la vida, ¿dónde está la contradicción entre la vida digna y la muerte digna, y sus respectivos derechos? Estamos ante una más de las contradicciones en las que incurre de vez en cuando la jerarquía católica, que lleva siglos interpretando a su manera la supuesta palabra de Jesucristo. Y ante una más de las indigestiones constitucionales que no asimila la Conferencia Episcopal Española. Para más inri –nunca mejor dicho-, el cardenal Amigo dice que lo que tiene que hacer el Gobierno de Manuel Chaves es preocuparse por la calidad de vida de los andaluces. Bien, pues precisamente eso es lo que quiere hacer el Gobierno andaluz, porque entiende que el tránsito a la muerte por enfermedad terminal irreversible debe ser un intervalo de tiempo en la vida de una persona donde no se debe abandonar, precisamente, la calidad de esa vida, aunque sea en su tramo final. Otra perla del cardenal Amigo: lo auténticamente digno es la vida. ¿Qué quiere decir, que la muerte es -o tiene que ser- indigna por naturaleza o por voluntad de Dios? ¿Tenemos que entender, quizá, que el tránsito por el que Jesucristo abandonó esta vida, en su crucifixión, no fue digno, desde un punto de vista espiritual? Otra perla más del cardenal: las personas son intocables desde su nacimiento hasta el final. ¿Habrá querido decir, monseñor Amigo, que la medicina atenta contra la voluntad de Dios? Yo creo que monseñor Amigo ha sufrido algún tipo de transmutación en la persona del arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, que dijo aquello de que Cristo no tuvo cuidados paliativos, como si en aquella época de la Historia hubiesen existido. ¿Qué les pasa últimamente a los jerarcas de la Iglesia católica española? ¿No será que necesitan ya algún tipo de tratamiento, debido a lo avanzado de su edad, y lo rechazan?

© Francí Xavier Muñoz, 2008
Cuitas e ideas de un soñador desvelado . Vol. I

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