lunes, 12 de febrero de 2018

cartas y diario de sergi sabater | noviembre 1993 | 22 años y 2 meses

6 DE NOVIEMBRE, SÁBADO
Querido Derek…
He adoptado la costumbre de escribir a mis amigos, de vez en cuando. Las palabras se las lleva el viento, sólo quedan las ideas y, así, los matices olvidados fragmentan la percepción del cuadro. Cuando escribo ante un folio blanco quien habla soy yo, sin matices desvirtuados por la urgencia del momento cotidiano.
¿Cuánto hace que somos amigos? ¿Hay amistad entre noso­tros? Son preguntas que me hago. Creo que sí lo somos; yo, al menos, así te considero y, como además deseo seguir siéndolo, es nece­sa­rio que te confiese algo. Lo hago motivado por la úni­ca cer­teza que tengo: eres mi amigo y ha llegado el momento de que conozcas toda mi verdad, pues si no nos conocemos, difícil­mente podemos llamarnos amigos.
Si en lo sucesivo queremos seguir afianzando nuestra amis­tad, no debe haber lugar para misterios ni reservas a la hora de confesar nuestros miedos, ni medias verdades, ni dudas para confesar nuestros recelos. Y espero que, después de leer esta carta, no te encierres en nada de esto.
Mi querido amigo, yo soy gay. Esa es mi verdad. Perte­nezco a esa inmensa minoría del diez por ciento de la sociedad que dicen que somos. No sé si lo soy en un sesenta, un ochenta o un cien por cien. He tenido relaciones sexuales con mujeres, también, y he dis­fruta­do con ellas. Pero sé que disfruto mucho más con un hom­bre que me guste que con una mu­jer que me gus­te. Me costó mucho tiempo aceptarlo pero hoy lo tengo asumido. Y como soy feliz así, no tengo nada de lo que avergon­zarme o arrepentir­me. No sé por qué lo soy ni desde cuándo, y no me importa en absoluto no saberlo. Sólo sé que lo soy y que me siento muy a gusto conmigo mismo.
Tengo amigos que jamás se lo contarían a sus mejores ami­gos. Yo no puedo ser como ellos. Todo, es verdad, depende de la per­sona y de las circunstancias. No me gusta proclamarlo a los cuatro vientos pero que nadie me pida que se lo oculte a todo el mun­do. A la gente que me rodea, a la gente que quiero, no puedo engañarles ni fingir una personalidad que no tengo. No es ése mi juego. A veces, por ser sincero, he perdido amigos pero mi conciencia se ha quedado muy tranquila porque he cumplido ­como tiene que hacerlo aquel que, respetando, quiere que le res­pe­ten. Si yo no me respeto a mí mismo, ¿a quién puedo pedir­le que lo haga?
Ahora que ya me conoces, de verdad, es posible que te asalten dudas o preguntas, o quizá no. En cualquier caso, yo me sigo ­considerando tu amigo, siempre que tú no tengas inconve­nien­te. Mi obligación moral era contártelo, y eso es lo que acabo de hacer. 

© FRANCÍ XAVIER MUÑOZ 1993
Recuerdo de olvidos y presentes ausencias. Cartas y diario de Sergi Sabater



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